Formación In Company

  • 08/04/2021
  • Carlos López Navaza
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A lo largo de nuestra vida nos seguimos formando, algunos únicamente de forma inconsciente, con menos esfuerzo y solo por noticias, comentarios o similares y otros con una mayor dedicación, leyendo, asistiendo a cursos, etc. En el ámbito profesional, el seguir formándose no es una opción, más bien al contrario, es una obligación para poder seguir manteniéndose en el mercado laboral con garantías, o desempeñando con eficiencia sus responsabilidades profesionales actuales. No obstante, parece que los datos no soportan la afirmación anterior, así muestran que el 48% de los trabajadores españoles no tiene un título de formación.

Hay una experiencia que me ratifica la desidia de algunos empleados en este aspecto. Un directivo de una gran empresa española me contaba que no había conseguido que algún empleado se postulara para asistir a un máster, sin ningún coste para él, pues había que dedicar algún tiempo de su vida personal. Pero, además, esta necesidad en los tiempos actuales es más acuciante, dado que los cambios, especialmente tecnológicos y culturales, se producen a una velocidad elevada, y en una vida laboral inciden varias veces.

Así, por ejemplo, el Foro Económico Mundial celebrado en el año 2020 pronosticaba que, dentro de 5 años, ojo, sólo cinco, 85 millones de empleos serán obsoletos debido a la automatización, aunque por el lado positivo se generarán 97 millones de nuevos roles asociados a la convivencia de los profesionales con las máquinas. Pero la necesidad de formación de los profesionales no es solo una tarea necesaria para ellos, sino también para las empresas.

Se ha insistido muchas veces, y yo lo suscribo, que los recursos humanos es el factor de competitividad de las empresas más relevante, y, además, el más difícilmente copiable. Si las empresas y los trabajadores la necesitan es obvio que esta necesidad es muy concreta y específica para cada empresa. Se trata de mejorar la aptitud y el conocimiento de los profesionales en aquellas áreas más directamente relacionadas e involucradas con el desempeño del puesto de trabajo que ocupa en la empresa, obviamente sin olvidar otras áreas que pueda llegar a desempeñar en el futuro.

Consecuentemente son la empresa y sus empleados los que mejor conocen la necesidad de formación, por tanto, el contenido y la estructuración de la misma la deben decidir ellos, con la ayuda de algún experto en estos menesteres. Ésta es la formación In Company. De aquí se deriva ya la primera ventaja de este tipo de formación, la de estar adaptada a la necesidad concreta de la empresa y sus empleados. Pero las ventajas no acaban aquí, veamos otras: La formación puede adaptarse a la cultura propia de la empresa y, por tanto, a otros objetivos, por ejemplo, crear equipo, fomentar las exposiciones en público, la adaptación al cliente etc. La formación es gestionable por la empresa y sus empleados, desde el local para impartirla, sea en la propia empresa, locales especializados, hoteles, etc., hasta horarios, asistentes, etc.

Pero además tiene una ventaja económica, ya que este tipo de formación goza de una importante bonificación por parte de los organismos públicos; subvención que va a crecer en los próximos años, ya que figura como un objetivo relevante de los Fondos Europeos para la Recuperación, Transformación y Resiliencia, pero toda esta cantidad de fondos es preciso canalizarlos adecuadamente para que logren su fin de la mejor manera posible.

La experiencia muestra que hay mucho que mejorar, es necesario que las formaciones que se desarrollen con esos fondos no se vinculen a determinados proveedores (universidad, empresas de formación concretas, etc.) sino que prevalezca la libertad de elección de proveedor, que las empresas puedan elegir libremente donde formar a sus trabajadores. Esto no ocurre con muchas ayudas para la formación.

No debe ser la administración quien diga cómo y con quién la empresa tiene que organizar una formación, sino que la administración debe canalizar los recursos y asegurar la calidad de las formaciones, pero la empresa debe contar con la libertad de elegir el formato, la modalidad y el proveedor en función de sus necesidades y con un objetivo clave: ganar en competitividad haciendo más competentes a sus trabajadores.

No obstante, se plantea un problema para hacer un curso ad-hoc de un cierto nivel y consecuentemente con garantía de éxito, es preciso que lo diseñe e imparta un ente de reconocida solvencia y para que sea factible, es preciso tener un número de asistentes significativo, por lo cual las pequeñas empresas tienen dificultades.

Por tanto, se plantea un problema de desarrollo de este tipo de formación para las pequeñas empresas que no tienen un número suficiente de empleados para dotar un curso especifico. Es preciso recordar que, de los 3,4 millones de empresas existentes en España, únicamente unas 72.000 tiene más de 20 trabajadores. La solución pasa por fomentar la asistencia a cursos o programas standard o en potenciar las formaciones In Company promovidas por las asociaciones sectoriales, club de empresarios, asociaciones empresariales, clústeres etc., que abarcan a varias empresas con necesidades similares.

Pero, además, la formación “In Company” encuentra un nuevo horizonte con lo acontecido tras la irrupción del COVID. La presencia digital permite formar más, mejor y con menores costes, muy especialmente para las empresas que cuentan con equipos dispersos geográficamente, incluso a nivel mundial. Nunca ha sido tan fácil, como ahora, hacer “team building” a través de la formación “In Company”, con la irrupción de la “presencia digital”, que es una nueva modalidad que va mucho más allá que la “vieja” formación online basada en documentos que hay que estudiar, videos enlatados para visionar y tutorías de apoyo.

La “presencia digital” será, sin duda, la estrella de las formaciones “In Company” en los próximos años. Llega para quedarse y, si se combina con dosis de sesiones presenciales en momentos clave de un programa, se convierte en la mejor forma de formar de modo excelente y con costes razonables para una empresa.

En resumen, podemos concluir resaltando que la formación es cada día más necesaria. Lo es para los empleados, para seguir desarrollando con eficiencia su actual puesto de trabajo y mantenerse en el mercado laboral, y para las empresas para poder competir. Y, de todos los formatos, el que presenta mayores ventajas es la modalidad “In Company”.

Las empresas con más futuro serán las que, en la actualidad, se están preocupando de tener los mejores profesionales actualizados, y ello solo se consigue formándoles. Por tanto, queda que los empleados y los directivos empresariales sean más conscientes de que este es el único camino.

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Carlos López Navaza

Socio – Director de LN Consultores y consejero de diversas empresas en las áreas de estrategia, negocio y energía, y colaborador en diversas escuelas de negocios en las materias de Estrategia, Planificación y Control y Organización de Empresas. Además es profesor asociado de Galicia Business School.